En este post vamos a analizar dos aspectos de la personalidad que deben ir estrechamente vinculados con la condición del ser humano, sin embargo, no se enseñan en los manuales académicos.

¿ Son la empatía y la asertividad fundamentales en el desarrollo del ejercicio de la abogacía?

CONCEPTOS: Empatía y Asertividad

Por un lado, podemos definir la empatía como la capacidad de comprender la vida emocional de otra persona, lo que explicarse como ponerse en el lugar del otro. Sin embargo, ello no quiere decir que debamos compartir o sentir como propio el estado emocional ajeno. Básicamente, la empatía requiere que llevemos a cabo una escucha activa para poder llegar a comprender las emociones que manifiesta la otra persona.

Por otro lado, la asertividad vendría a ser la habilidad para expresarnos de manera que no atentemos contra los demás. De esta forma, es una cualidad que implica saber manifestar nuestra voluntad respetando la dignidad y los derechos ajenos. Así, se constituye como una cualidad vital para cualquier relación personal, y por ende, profesional.

¿QUÉ RELACIÓN GUARDAN CON LA ABOGACÍA?

Lo que debemos tener en cuenta es que el abogado, antes de abogado, es persona. Por tanto, por el simple hecho de ser persona, el abogado debe ser empático y asertivo.

En nuestra profesión, estamos en contacto continuo con un incalculable número de personas, con las que compartimos experiencias, tanto agradables como desagradables, y es por ello que debemos ser especialmente cautelosos a la hora de expresarnos.

Estoy seguro de que la totalidad de nuestros compañeros de profesión,  están de acuerdo en la importancia que ocupan dichas cualidades en su día a día.

La realidad de nuestra profesión, es que debemos escuchar al cliente activamente, prestar la mayor atención a los detalles, sentir los problemas como propios para desarrollar la mejor defensa jurídica, pero con la suficiente objetividad como para no perdernos en emociones que nos alejen de una perspectiva lógica. Además, a todo ello, debemos sumar la importancia que tiene saber comunicarnos sin transgredir las emociones ajenas, saber negociar sin ofender, con la dificultad añadida de tener que hacerlo con numerosos perfiles de personas.

En definitiva, como abogados debemos contar con las herramientas suficiente para saber autogestionar nuestras emociones y no perder nunca el pensamiento racional.

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